El “papa” parturiento

•19 octubre 2010 • Dejar un comentario

No, no se haga usted ideas retorcidas. Quizá algún lector con maliciosa ironía se plantee que el supremo hacedor dotó al supuesto papa con una fisiología fuera de lo normal que además de generar más niveles de testosterona que de progesterona, y por ello tener atributos más que masculinos, estaba capacitado, además, para engendrar y parir hijos… Hombre, ya sabemos todos que la imaginación nos juega, a veces, malas pasadas y que, en general, todos nos hemos planteado alguna vez (sobre todo las mujeres) eso de que los varones se queden embarazados por aquello de: “Vas a saber tú lo que es sufrir, ¡no te digo!”, hasta tal punto de que hasta el mismísimo Schwarzenegger haya hecho películas sobre esto pero, de momento, seamos serios: no es posible y nunca lo ¿ha sido?
Pues todos diríamos que no salvo los feligreses romanos que en el año 855, concretamente en julio, vieron como su papa Juan VIII daba a luz a un hijo en medio de una procesión.
Pero retrocedamos un poco para explicar lo que aquí pasó: Juana era hija de un monje y nació cerca del año 820 en un pueblo a las afueras de Manguncia. La niña creció en un ambiente de cultura y religiosidad y para poder continuar sus estudios, se disfrazó de hombre y bajo el nombre de Juan, El inglés, entró como copista en una orden religiosa y comenzó a estudiar la carrera universitaria. Destacó por ser un gran erudito (o mejor dicho, erudita) y consiguió en 848 un puesto docente.
Años después, fue presentada al papa León IV y enseguida ocupó el cargo de secretario del Papa. A la muerte de éste en 855, consiguió que se le reconociese el papado que duró poco más de siete meses cuando dió a luz a un hijo fruto de una relación carnal con el embajador de Sajonia.
Claro que esto es una leyenda, sí hay monedas y otros objetos que hacen referencia a este papa aunque la iglesia no lo tenga reconocido como tal…

La antecesora de Jenner

•5 septiembre 2010 • Dejar un comentario

A menudo la historia nos engaña. Crecemos estudiando y creyendo que son ciertas mentes las inventoras de vacunas, objetos, teorías…que resultaron tan sobresalientes en la época que, sin ellas, hubiera resultado imposible llegar a dónde estamos. Lo cierto es que, a veces, el ser humano no es justo ni equitativo a la hora de dar méritos y más aún cuándo se trata de mujeres.
Y así, tenemos ejemplos femeninos que han sido aplaudidos por sus avances intelectuales como Marie Curie y otros que a pesar de tener grandes dotes de liderazgo acabaron desplazados, ejecutados y peor aún: olvidados, como Ana Bolena o la propia Lady Marie Montagu que si bien sí creó expectación en su época no está reconocida como la mentora de la vacuna contra la viruela que se le suele atribuir comúnmente a Edward Jenner.
Mary pertenecía a una clase de nobles y creció instruyéndose en la biblioteca paterna, ya que devoraba libros y libros a diario por su afán curioso. Al llegar a la adolescencia, se enamoró perdidamente del hermano de su mejor amiga Anne, Edward Montagu, y tras las negativas de su padre para conciliar la boda, los dos amantes decidieron fugarse y casarse por su cuenta.
Tiempo después de que se llevara a cabo el matrimonio, Edward fue nombrado embajador en el Imperio Otomano y por ello, partió con su mujer hacia Constatinopla. Allí, Mary se fijó en la práctica de la inoculación que hacían muchas mujeres con sus hijos para protegerlos de posibles enfermedades; dicha práctica consistía en vacunar con un minima parte del virus para que, al crear anticuerpos, la segunda vez que contrajeran la enfermedad ya estuvieran preparados. Mary había visto como familiares suyos habían muerto por viruela, por lo que, al llegar a Inglaterra, lo pusó en práctica con sus propios hijos.
Tan de moda se puso esta técnica que incluso la reina de Inglaterra lo hizo con los suyos, pero muchos médicos y eclesiásticos no vieron bien que la mujer hiciera estos ejercicios por lo que empezaron a ser críticos y decidieron decir que era una técnica endemoniada.
Finalmente, Lady Mary dejó a su marido y huyó con otro hombre, aunque siempre mantuvo una larga correspondencia con el primero, pero esa ya es otra historia. Murió en Inglaterra en agosto de 1762.

La mujer que desafió a Nixon..

•10 agosto 2010 • Dejar un comentario

Y acercándonos un poco a la actualidad, aunque despacito por aquello de no caer en lo histórico reciente, este post aterriza ni más ni menos que en 1933 cuando un hombre judío adinerado y aburrido de los temas empresariales de siempre decide comprar un periódico que esta en bancarrota a un módico precio y este es ni más ni menos que el famoso: The Washington Post. Lo que nadie le iba a decir al comprador: Eugene Meyer es que la salvadora de su inversión y la encargada de dar a ese periódico el prestigio internacional que se merece iba a ser su hija Katherine.
Pues bien, Katherine estudio Periodismo en la universidad de Chicago licenciándose en 1938. Conoció en aquellos a años a un joven tímido y de gran inteligencia licenciado en Derecho, llamado Philip L. Graham con el que contrajo matrimonio dos años después. Meyer siempre admiró a su yerno y vió en él al posible director que llevaría a su periódico a la cumbre y por ello trató de convencerlo; Graham, por su parte, no estaba muy convencido de meterse en el negocio ya que no sabía demasiado del mundo periodístico pero acabó cediendo en 1948.
Durante ese periodo el Washington Post empezaba a florecer poco a poco hasta que la tragedia llegó a las vidas de los Graham cuando Philip se suicida a causa de sus depresiones.

Katherine asume la presidencia de la compañía. Fue una mujer que destacó por tener mucho empuje y por servir verdaderamente al derecho a la información del público: En 1971 sacó a la luz un estudio secreto sobre la guerra de Vietnam a pesar de las presiones del Gobierno y alegando que “no perjudica en ningún caso a la seguridad de Estado”. No obstante, su mayor logro fue el apoyo incondicional a los periodistas Woodward y Bernstein por el caso Watergate, que implicaba ni más ni menos que al presidente del Gobierno: Richard Nixon y que condujo al periódico a ser reconocido en la escala internacional.
Graham murió en 2001 dejando la presidencia de la empresa a su hijo Donald

No me llames Catalina sino Francisco…

•3 junio 2010 • Dejar un comentario

Tan de moda se ha puesto esto de los transexualismos y cambios de sexo, que se ha convertido en un tema de debate y de opinión pública. De hecho, tal y como lo relatan algunos de los más ilustres ciudadanos parece que esto de sentirse hombre en cuerpo de mujer (o a la inversa) es algo de lo más reciente… ¡si supieran que ya ocurría en el s. XVI!
No hay más que ubicarse en el San Sebastián de 1591 cuando, una noche, en casa de Miguel y María vió la luz la que sería la nueva señorita de la familia Erauso: Catalina, aunque bien podía haberse llamado Francisco, Fernando o Jaime, y no por tener rasgos masculinos pero sí un carácter bastante más varonil que muchos hombres coetanos a ella. Pues bien, a la corta edad de cuatro añitos, el papaíto decidió que, al igual que sus tres hermanas, tendría una vida apasionante en el convento dominico de la misma localidad, así que allí estuvo hasta que, con 15 años y a unos pocos días antes de profesar, una noche de mayo y después de haber discutido con una de las monjas profesas, decidió huir de aquel encarcelamiento.
Sin más, se vistió como un hombre y se hizo pasar por tal adoptando el nombre de Francisco de Loyola, así como se alistó como grumete para partir hacia América. Viajó por Venezuela, Panamá y Perú hasta que, finalmente, en Lima se alistó como soldado. Curioso el destino que hizo que acabara bajo el mandato de su hermano Miguel, al cuál, jamás reveló su identidad pero del que consiguió el cargo de alférez tras varios servicios; eso sí, una noche y sin tener conciencia de quién era, lo acabo matando tras una reyerta.
Dolida tras el homicidio, decidió vagar por sudamérica nuevamente hasta que bajo el amparo del fray Agustín de Carvajal desveló su verdadera identidad lo que hizo sorprenderse al eclesiástico y, en consecuencia, al resto de habitantes.
Cuando, finalmente, regresó a España, el rey le concedió una pensión de ochocientos escudos y el papa le permitió llevar ropaje de hombre. Su fin lo encontraría en México a los 58 años.

Vida imperfecta para una mujer perfecta…

•16 diciembre 2009 • Dejar un comentario

A veces uno se plantea el sentido de la vida; no es una actividad que se suela hacer con cierta periodicidad porque estar dándole vueltas a algo a lo que no conseguiremos dar respuesta o, por lo menos, tardaremos bastante en encontrarla, supone no solo un quebradero de cabeza sino una relativa pérdida de tiempo. Por eso, la autora de este blog suele dejar las cuestiones filosóficas para domingos y festivos, o alguna de esas largas noches de insomnio en que por más que le suplicas al sueño que esté contigo, su respuesta es colgarte o decirte que está fuera de cobertura en ese momento…
No obstante, las personas son muy distintas y hay quiénes se plantean encontrar ese “sentidillo” en las hechos más variopintos de la vida: uno son originales y creativos (veáse el inventor de la viagra) y otros, simplemente, se describen como macabras. Y si buscamos la definición de “macabra” en el diccionario, no sería de extrañar que apareciese esta foto:

Aurora Rodríguez Carballeira, una mujer obsesionada con crear a la mujer “perfecta”, y lo consiguió.
Rodríguez fue una mujer aventajada para su época, ya desde pequeña estudió en la biblioteca de su padre diferentes materias de derecho, filosofía… lo que desencandenó en ella un afán socialista y muy liberal en el terreno sexual. Rechazaba a los hombres porque consideraba que eran una traba para el desarrollo de la mujer media a la que veía como mediocres personillas supeditadas al mandato de sus mariditos, por eso nunca llegó a casarse.
Durante un tiempo crió a uno de sus sobrinos que desarrolló gracias a las enseñanzas de su tía, una extraordinaria capacidad para tocar el piano, superando con mucho a sus maestra y a todos los que le rodeaban y alcanzando un importante éxito nacional. A partir de ahí, Aurora se planteó la idea de tener una hija a la que inculcaría una cultura superior a la media para ser, al crecer, la representación de la mujer del futuro: culta, dotada e independiente.
Obviamente, no quería un padre para ella, por lo que mantuvo relaciones con un marinero en Ferrol hasta que consiguió quedarse embarazada y dar a luz el 9 de diciembre de 1914, a su hija: Hildegart.
Hildegart no tuvo infancia. Creció ligada intimamente al estudio y al afán voraz de su madre de que fuera una fuera de serie y así, con tres años sabía leer, con diez hablaba alemán, inglés y francés, con 13 había acabado el bachiller y con 17 estaba licenciada en Derecho y a punto de empezar Medicina. Militó durante bastante tiempo en el partido socialista, del cual se desencantó para afiliarse al Federal y empezó a desarrollar con 19 años un interés por la libertad, la independencia y el deseo de viajar al extranjero; algunos rumorean que hasta pudo haberse enamorado de un hombre y plantearse la idea de casarse, lo que hizo temblar a su madre ya que su experimento científico podría verse seriamente alterado.

En la mañana del 9 de junio de 1933, Aurora envío a la sirvienta a que fuera hacer unos recados mientras su hija dormía. Cuando la sirvienta se fue de casa, ésta cogió una pistola y pegó cuatro tiros a su hija. Los vecinos no escucharon los disparos por lo que la homicida debía de estar bastante cerca de la víctima. Alrededor de las doce del mediodía, Aurora abandonó su casa con tranquilidad e incluso, habló con la portera pidiéndole que le dijese a la sirvienta que esperase hasta llegar una amiga suya para recoger a su gato. No volvió al hogar.
La empleada al recoger el animal, subió y se encontró la terrible escena.
Rodríguez fue a ver a un amigo y le contó la historia. Posteriormente, se entregó a la policía.
Fue condenada a más de 26 años de cárcel, después de declarles que: “El escultor destruye su obra si ve en ella la más mínima imperfección”

Y el señor Jones triunfó…

•15 noviembre 2009 • Dejar un comentario

Lo más seguro es que si nombro a Adam Duritz o David Bryson, el lector se quede igual que estaba y no se dé cuenta de que esas personas forman parte de un famoso grupo musical de los años 90: Counting crows, o tal vez sí.
Pero, en fin, vayamos al grano:
Duritz intentó en más de una ocasión alcanzar la fama. De hecho, antes de irse a contar cuervos, estuvo con la banda de rock The Himalayans formada en San Francisco, en 1990, por Dan Jewett y en donde estaba acompañado por su amigo de la infancia Marty Jones. Ambos estaban dispuestos a llegar al estrellato de cualquier manera, y de esos deseos -empapados de cerveza y borrachos de conseguir algo más decente que un local donde golpear la batería-, surgió la letra que llevaría a Duritz al éxito: Mr. Jones.
Hay que recordar que la canción habla del deseo de ambos jóvenes de triunfar en el mundo de la música. No obstante, cuando Duritz llegó a la fama consideró que la letra no tenía apenas sentido porque era un anhelo de algo que ya había conseguido, por lo que intentó hacer algunas modificaciones sin éxito ya que la letra original sigue corriendo por el mundo…
Ahí va la traducida:

Estaba en el New Amsterdam clavando la mirada en la cintura de la joven rubia.
El señor Jones entabla conversación con la bailarina de flamenco morena.
Ella baila mientras su padre toca la guitarra,
De repente se hace hermosa.
Todos nosotros queremos algo de belleza.
Yo deseé ser bello.
Así que ven a bailar este silencio hasta por la mañana.
¡No te cortes, María! Enséñame algo de danza española.
Pásame la botella, señor Jones.
Cree en mí.
Ayúdame a creer en algo.
Quiero ser alguien en quién se pueda creer.

El señor Jones y yo nos contamos, el uno al otro, cuentos de hadas.
Miro fijamente a esa mujer hermosa.
“Ella te está mirando. Ah, no, no, ella me está mirando a mí”
Sonriente en las luces brillantes,
Llegando en estéreo.
Cuando todo el mundo te ama, nunca puedes estar solo.

Pintaré mi retrato
Me pinto a mi mismo en azul y rojo y negro y gris
todos los colores bonitos son muy, muy significativos.
El gris es mi color favorito.
Sentí tan simbólico el ayer.
Si conociese a Picasso,
Me compraría una guitarra gris y tocaría

El señor Jones y yo miramos hacia el futuro.
Contemplamos a esa hermosa mujer:
“Ella te está mirando. Uh, no lo creo. Ella me está mirando a mí”
De pie bajo los reflectores.
Me compré una guitarra gris.
Nunca estaré solo cuando todos me quieran.

Quiero ser un león.
Todo el mundo quiere hacerse pasar por gatos.
Todos queremos ser grandes estrellas pero tenemos diferentes razones para ello.
Creer en mí porque yo no creo en nada,
y quiero ser alguien para creer.

El señor Jones y yo dando traspiés por el barrio,
Nosotros miramos fijamente a esa mujer hermosa
“Ella es perfecta para ti, hombre, tiene que haber alguien para mí”
Quiero ser Bob Dylan.
El señor Jones deseó ser alguien un poco más moderno.
Cuando alguien te quiere, hijo, eres un algo más moderno de lo que puedes ser

El señor Jones y yo miramos fijamente el vídeo.
Cuando miro a la televisión, quiero volver a contemplarme a mi mismo.
Todos nosotros queremos ser grandes estrellas pero no sabemos por qué ni cómo,
pero cuando alguien me quiera, yo seré un poco más feliz de lo que pueda ser.
El señor Jones y yo vamos a ser grandes estrellas…

Que, por cierto, ¿tanto problema con conquistar a una mujer?
Parece llamativo en un Adam Duritz que llegó a tener una relación con la mismísima Jeniffer Aniston…

Los órganos que regalaba la muerte

•30 septiembre 2009 • Dejar un comentario

Y apuntito de finalizar el mes de Septiembre, la dirección de este blog no se olvida de aportar su granito de arena mensual, por lo que ahí va una anécdota que si bien no es tétrica algo de color oscuro sí se destinta.
Ubicados en pleno s. XVII, los científicos londinenses tenían una gran curiosidad por saber cómo funcionaba el cuerpo humano. Asimismo la profesión de ladrón especializado en muertos se puso de moda, o sea, que el dicho de “Piensa el ladrón que todos son de su condición” aquí no se cumplía al pie de la letra, ya que solo eran algunos los intrépidos que se aventuraban a exhumar tumbas. Y sí, estaba muy bien remunerado; así que, por las noches, los hurtadores iban a los cementerios a desenterrar cadáveres recientes para vendérselos a universidades y centros de investigación médica.
Las familias, horrorizadas, empezaron a tomar medidas de protección para que se respetara los cuerpos de sus parientes, ya que ¿quién se atrevía a donar su cuerpo a la ciencia en aquella época? Pero solo eran los más ricos los que podían mantener los gastos que suponían proteger a sus familiares, por lo que los ladrones iban, directamente, a los muertos de familias pobres.
Por supuesto, los más desfavorecidos socialmente tenían los órganos en mal estado debido a la desnutrición y otros factores. Así que durante años se hizo una idea anatómica errónea en comparación con la realidad.