Y apuntito de finalizar el mes de Septiembre, la dirección de este blog no se olvida de aportar su granito de arena mensual, por lo que ahí va una anécdota que si bien no es tétrica algo de color oscuro sí se destinta.
Ubicados en pleno s. XVII, los científicos londinenses tenían una gran curiosidad por saber cómo funcionaba el cuerpo humano. Asimismo la profesión de ladrón especializado en muertos se puso de moda, o sea, que el dicho de “Piensa el ladrón que todos son de su condición” aquí no se cumplía al pie de la letra, ya que solo eran algunos los intrépidos que se aventuraban a exhumar tumbas. Y sí, estaba muy bien remunerado; así que, por las noches, los hurtadores iban a los cementerios a desenterrar cadáveres recientes para vendérselos a universidades y centros de investigación médica.
Las familias, horrorizadas, empezaron a tomar medidas de protección para que se respetara los cuerpos de sus parientes, ya que ¿quién se atrevía a donar su cuerpo a la ciencia en aquella época? Pero solo eran los más ricos los que podían mantener los gastos que suponían proteger a sus familiares, por lo que los ladrones iban, directamente, a los muertos de familias pobres.
Por supuesto, los más desfavorecidos socialmente tenían los órganos en mal estado debido a la desnutrición y otros factores. Así que durante años se hizo una idea anatómica errónea en comparación con la realidad.
Los órganos que regalaba la muerte
•30 Septiembre 2009 • Dejar un comentarioEl amor en los tiempos del Fascismo
•21 Agosto 2009 • Dejar un comentario
Clara Petacci fue la amante de Benito Mussolini. Cabe decir que la pareja cumplía a la perfección el significado de la palabra amante porque el amor que ella le profesaba a su querido Benito, era tal que ya de joven tenía retratos suyos colgados en la habitación como si de un backstreet boy para una adolescente se tratara.
A la tierna de edad de 20 años, se las ingenió para conocer al Duce y tras la cita se quedaron completamente atolondrados el uno con el otro, y surgió una bonita relación que duraría 15 años a pesar de que el Don Juan Tenoriotti estuviese “felizmente” casado con la italiana Rachele Guidi, que intentó en varias ocasiones alejarlos.
Finalmente, en 1945 fueron fusilados. Eso sí, la enamorada fue fiel a sus sentimientos hasta el final; en el momento en que comenzaron los disparos, intentó cubrirlo para protegerlo sin ningún éxito.
Sus cadáveres fueron colgados en la plaza para mostrar el fin de una etapa fascista.
¿Política? ¡Ni en sueños!
•12 Julio 2009 • 1 comentario
Hoy, el día es lluvioso. Las ventanas, empañadas, no dejan ver más allá de la constelación de gotas.
Y esto se preguntará usted -yo, desde luego, no-, ¿a qué viene? ¡Simple!
La apatía del tiempo es un reflejo de cómo este post será igual de perezoso y opaco que los cristales o que, en su caso, igual de oscuro e irónico que el humor del famoso presidente y previo actor: Ronald Reagan.
El americano que gobernó EEUU en la década de los 80, causó tantas simpatías como antipatías pero no se puede negar que fuese un hombre con las ideas claras. Una de sus más célebres frases, y no por ello menos acertada -aunque depende del humor con que cada uno lo quiera interpretar-, fue repetida a lo largo de su presidencia, entre 1981 y 1989, y dice así:
“He dado órdenes para ser despertado, en cualquier momento, en caso de que haya una emergencia nacional. Incluso, cuando estoy en mis reuniones con mi gabinete.”
¡El que se fue de Milán, no regresará!
•25 Junio 2009 • Dejar un comentarioSi bien podría usted desconocer el nombre de Giuseppe Verdi, pondría la mano en el fuego a que seguro que le suena una de sus más afamadas óperas: La Traviata, basada en la Dama de las Camelias de Alejandro Dumas.
Sin embargo, no fue la historia de amor de Violetta Valèry y Alfredo Germont la única que ha hecho de Verdi un genio musical que ha sobrevivido al tiempo: El Nabucco es una ópera de claros tintes nacionalistas que hicieron que estudiantes e intelectuales italianos del XIX, salieran a las calles gritando “VERDI” (que no sólo hacía referencia al músico sino también a: Vittorio Enmanuelle, Rei D´Italia).

Pues bien, se ve que el joven Giuseppe siempre tuvo clara su pasión musical y por ello intentó acceder al Conservatorio Superior de Música de Milán que le negó la entrada. Años más tarde y tras el éxito ganado, dicha Institución quiso cambiar su nombre añadiendo el del autor pero éste se negó alegando:
“Si no me quisieron de joven, no entiendo por qué me quieren de mayor”
Tengo “sex” pero no “appeal”
•9 Junio 2009 • Dejar un comentario
Sería plausible poner duda que alguien se atreva a negar el sex-appeal de Sofia Loren, una mujer que no solo ha pasado a la posteridad por su gran profesionalidad sino también por su extrema belleza.
Sin embargo y aunque pueda sonar paradójico, ella no debía de estar de acuerdo con esta idea al ciento por ciento:
En una entrevista, le preguntaron por su belleza y atractivo. Por supuesto, el ingenio salió a relucir con una frase que, además de ser muy inteligente y humilde, es bastante acertada:
“Sex-appeal es en un 50 por ciento lo que tiene una mujer, y en el otro 50 por ciento lo que las demás personas creen que tiene“
¡Aquellas mujeres que no sean tan afortunadas físicamente, ya saben a que 50 deben recurrir!
Cuándo digo que “no” es que “no”
•2 Mayo 2009 • 3 comentarios
Pues dirían que estaba loca pero la autora de este blog se plantea si más que locura no sería lucidez. Cierto que actuaba de manera ilógica para su tiempo y su posición pero ¿por qué no ser, simplemente, temperamental?¿rebelde?¿inteligente?
¡Ay, ay, siempre igual! Planteémonos que, incluso en la actualidad, si alguien se sale un poco de la línea ya es tachado de “loco”, así que yéndonos a la Edad Media prefiero ni pensarlo…
Una ferviente defensora de los locos, desearía ser poseedora de ese ingenio que los caracteriza. Salidas como la que tuvo Doña Juana ante el rey de Francia no se le ocurren a cualquiera.
Juana la loca y Felipe el hermoso eran duques de Borgoña. Como duque, Felipe, era vasallo del rey de Francia aunque luego fuese a ser emperador de Alemania (recordemos que tuvo una muerte prematura).
Era costumbre en la Edad Media que los señores, en misa, le entregaran una dote al vasallo para que fuese él quién la donase. Así que una esplendorosa mañana de misa, el rey de Francia y Felipín estaban echándole paciencia para rezar sus rosarios cuando se pidió el donativo para mantener la casa del Señor. El rey, aprovechando que tenía a su vera al señor duque, se dirigió a este y le dió unas monedas para que las entregara. Éste, las cogió y donó.
El inventillo le debía de hacer mucha gracia a su majestad por lo que, después, hizo lo mismo con Juana.
¡Y vaya mujer con carácter le vino a tocar!
Ella se negó a recoger el dinero. El francés, lo intentó dos veces más sorprendido de la osadía de la princesa; a la tercera negación, le recordó en un tono algo sarcástico: “¿No servís a vuestro rey de Francia?” y con la mayor altivez que uno se pueda imaginar, le aclaró: “La princesa de Asturias sólo responde por la princesa de Asturias”.
¡Sin duda alguna, digno de aplauso!
¡Ay, qué cruz!
•26 Abril 2009 • Dejar un comentarioY en este período prevacacional para muchos estudiantes, dónde el agobio corre entre exámenes finales y trabajos acelerados para que no nos pille el toro en Junio, no cabe otra cosa qué decir: “Ay, qué cruz“
Pero una se plantea si todas las cruces son iguales porque, en ese caso, convendría ver la misma cruz de la victoria que vió Constantino en el año 307 (por aquello de saber que se saldrá airoso de la batalla estudiantil).
Pues bien, nuestro emperador romano Constantino fue famoso por ser uno de los mayores defensores del Cristianismo; su madre era Santa Helena y su padre, Constancio, uno de los césares procedentes de la tetrarquía de Diocleciano que le abrió el paso al gobierno.

A la muerte de Diocleciano, Roma volvió a convulsionar ante las diversas dispustas de generales que exigían el trono. En el año 307, Constantino se dirigía a la batalla del puente de Milvio cuando vió en la lejanía una cruz blanca con un mensaje escrito: “Con este símbolo, vencerás” y, efectivamente, venció.
No podría decir con exactitud si lo que le dió la victoria fue el símbolo o la espada (aunque, personalmente, opto por lo segundo) pero él interpretó que fue el Dios de los Cristianos el que lo encaminó hacia la victoria. Al verse en deuda:
-En el año 311, redactó el Edicto de Milán por el que ninguna persona sería perseguida en función de su religión y así, los paganos no perseguían más a los cristianos.
-En el 325, el famosísimo Concilio de Nicea dió la divinidad a Jesús y acabó con el arrianismo.
Además, le regaló al Papa el palacio real. ¡Quién fuese Papa en aquel momento!
Maldito rima con… ¡hip!
•27 Marzo 2009 • Dejar un comentarioPondría la mano en el fuego a que algún lector de este blog conoce algo de literatura francesa. ¿Quizá Víctor Hugo?¿Quizá Alejandro Dumas? ¿Y Mallarmé, Rimbaud o Verlain?
Los tres últimos pertenecieron al denominado movimiento simbolista, cuyos poemas estaban cargados de una gran musicalidad y, al contrario que el parnasianismo, no buscaban encontrar la belleza en la forma de transmisión del poema:
Desnuda, casi desnuda;
y los árboles cotillas
a la ventana arrimaban,
pícaros, su fronda pícara.
Asentada en mi sillón,
desnuda, juntó las manos.
Y en el suelo, trepidaban,
de gusto, sus pies, tan parvos…
(A. Rimbaud)
Curiosos poemas que parecían salir de las mentes más imaginativas y creativas que el mundo ha visto pasear por las calles parisinas… ¡Pero no todo es lo que parece!
A nuestros amigos malditos les iba bastante lo de “living la vida loca” e invertían la mayor parte de su tiempo en bares nocturnos, dónde bebían absenta hasta el amanecer; cuando llegaban al “éxtasis” con el alcohol, empezaban a escribir las ideas que circulaban por su mente.
Y el resultado eran poemas de extrema belleza y de cierta incongruencia.

Lo “terrible” de la locura
•14 Marzo 2009 • Dejar un comentarioQuizá algún lector curioso haya oído hablar alguna vez de un zar bastante cruel y patológico que gobernó Rusia durante casi cuarenta años: Iván I, “El terrible”.
Un monarca cuya vida fue agitada desde su nacimiento.
Al cumplir tres añitos, ya fue coronado como Gran príncipe de Moscú puesto que su papá, Basilio III -quién por cierto daba bastante el cante con sus divorcios- se murió cuando su hijo casi caminaba con pañales. Su mamá, Elena Glinskaya, era una princesa lituana que, a pesar de dejarle el mando los boyardos, acabó siendo envenenada por éstos, cinco años después de su difunto marido.
¡Y los boyardos fueron a rematarla!
El pobre huérfano sufrió las mayores vejaciones por parte de este grupo. Encerrado en una torre como si fuese un criminal, creció pasando hambre y con un trato bastante opuesto a lo que debería recibir un joven príncipe. El niño, empezó a perder la cordura y se dice que maltrataba perros y gatos, tirándolos desde la torre donde residía.
Entrada en la adolescencia, su rebeldía provocó el respeto del bando boyardo que no tardó mucho en ser desplazado, cuando el zar llegó al poder.
Aunque fue un monarca que territorialmente conquistó varios terrenos y fomentó las artes en Rusia, su locura siguió en aumento. Lo más notorio de este hombre, ocurrió a raíz de la muerte de su primera esposa: Anastasia Ròmanova -con la que estaba muy unido-, ya que su psicosis derivó en un autoritarismo que afectó a todo el país. Llegó a matar, en 1560, a su hijo mayor, el zarevich Iván, de un manotazo cuando los dos mantenían una fuerte discusión.
Sombra aquí y sombra allá…
•3 Marzo 2009 • Dejar un comentario¿Quién dijo que las avances en estética es algo propio del mundo contemporáneo? ¡Pero si ya lo había en la Edad Media!
Efectivamente, nuestras señoritas medievales eran bastante coquetas. Por supuesto, no estaba puesto de moda lo de ser morena por lo que esos versos de Gustavo Adolfo Bécquer: “Yo soy ardiente, yo soy morena, yo soy el símbolo de la pasión…” no se cumplían al pie de la letra. ¡Les iban a lo Marilyn Monroe!, muy rubias, pálidas, sin un sólo pelo, con las mejillas sonrojadas y las cejas arqueadas.

¿Y cómo conseguían esto? Para ello utilizaban trapos con resina como método de depilación, tintes vegetales, unos cuántos pellizcos en pómulos y labios para obtener el efecto deseado y… “porque yo lo valgo“.
Claro que siempre había dos o tres afortunadas que nacían con estas características. Claro ejemplo: nuestra señorita Isabel I de Castilla que, al cumplir los patrones de la época, era considerada muy bella.
